La necesidad de producir nueces de calidad es una idea que está ganando fuerza como forma de diferenciar el producto frente a la caída de los precios que la nuez ha sufrido en los últimos años en los mercados internacionales. Si en 2014 se pagaban alrededor de 4 euros por kilo de nuez en cáscara, actualmente el precio se sitúa en un intervalo de entre 2 y 2,5 euros. El precio mundial de la nuez no es una variable que podamos controlar, ya que no depende de nosotros. Por ello, ante un escenario más exigente como el actual, la gestión del huerto y de la cosecha resulta fundamental.
1. ESTUDIO DEL CLIMA Y DEL SUELO
Todo lo que se haga en esta fase garantiza el aumento de la vida útil del huerto y su productividad. Una vez plantado, es prácticamente imposible corregir errores, solo es posible minimizar sus efectos negativos. Los factores más importantes que determinan la viabilidad de una plantación de nogales con buena proyección productiva son el suelo, el clima y el agua.
Es fundamental implantar un huerto de nogales en zonas donde el clima y el suelo sean adecuados o donde la combinación de ambos lo sea. Independientemente de la calidad del suelo, su preparación es una operación esencial, siendo el subsolado una tarea obligatoria para un huerto que se pretende que tenga una vida útil de 20 a 30 años. El nogal requiere suelos de textura media, profundos y bien drenados, siendo una especie muy sensible a la asfixia radicular. La falta de oxígeno en el suelo provoca la detención del crecimiento de las raíces y su daño directo, además de favorecer el ataque de hongos del suelo, principalmente Phytophthora spp.
Para una correcta implantación del huerto, el suelo debe presentar una profundidad efectiva mínima de entre 1 y 1,5 metros, teniendo en cuenta posibles limitaciones como capas impermeables, salinidad, nivel freático elevado o compactación.
Los nogales se desarrollan bien con temperaturas suaves en primavera y requieren entre 500 y 1000 horas de frío en invierno, dependiendo de la variedad. Las temperaturas extremas pueden afectar gravemente a la producción. Una vez iniciado el crecimiento primaveral, hojas, brotes, flores y frutos jóvenes son muy sensibles a temperaturas inferiores a 0 °C, por lo que no se recomienda plantar nogales en zonas con riesgo de heladas primaverales.
2. EL SISTEMA DE RIEGO DEBE DIMENSIONARSE PARA LA PRODUCCIÓN TOTAL
El sistema de riego debe diseñarse pensando en el momento de plena producción y garantizar la disponibilidad de recursos hídricos. El sistema que mejor se adapta a nuestras condiciones es el riego por goteo. Aunque la microaspersión facilita logísticamente el proceso de cosecha, durante el resto del ciclo presenta más desventajas que beneficios.
La reposición hídrica debe situarse entre 6,5 y 8,5 mm/día, dependiendo de la zona, alcanzando los valores más altos en regiones con elevada evapotranspiración. Al mismo tiempo, la precipitación del sistema —cantidad de agua aplicada por hora— debe ser de aproximadamente 2,5 mm/hora.
¿Cómo regar? Con riegos largos y espaciados. Es fundamental determinar el tiempo necesario para humedecer todo el perfil del suelo, asegurando una aplicación uniforme y repetida en función de las necesidades del huerto. Para aumentar la cantidad de agua aplicada, se recomienda incrementar la frecuencia y no la duración de cada riego, teniendo en cuenta el estado fenológico, las condiciones climáticas y la textura del suelo.
Antes de la siguiente irrigación, es necesario analizar la humedad real del suelo para determinar si es posible retrasar el riego. La apertura de perfiles es especialmente importante en primavera y otoño, cuando se producen cambios climáticos más acusados.
3. FORMACIÓN: UNA ESTRUCTURA PRODUCTIVA EFICIENTE
La formación puede durar hasta cuatro o cinco años y tiene como objetivo obtener árboles con un tamaño adecuado y un huerto lo más homogéneo posible, buscando árboles eficientes, frutos de buen calibre y altos rendimientos por hectárea.
La poda de formación, realizada desde la plantación hasta el quinto año, tiene como finalidad orientar la planta y generar una estructura productiva eficiente lo antes posible. Se recomienda utilizar sistemas con árboles de menor tamaño, favoreciendo un crecimiento equilibrado, un sistema radicular bien desarrollado y un tronco robusto que permita un crecimiento sostenido.
Dada la importancia económica de las primeras producciones, es fundamental maximizar su potencial. Estas producciones iniciales dependen del desarrollo estructural y de la cantidad de polen disponible. Solo a partir del quinto año el huerto produce todo el polen necesario; antes de esa etapa, la producción está condicionada por el entorno. Los huertos aislados presentan rendimientos más bajos que aquellos situados en zonas con alta densidad de nogales.
4. RIEGO Y NUTRICIÓN: CLAVES PARA EL DESARROLLO RADICULAR
El proceso de formación debe considerar especialmente el desarrollo radicular. Con riegos cortos y frecuentes, las raíces se concentran en los primeros 40 cm del suelo. En cambio, con riegos largos y espaciados, el sistema radicular ocupa todo el perfil, permitiendo un secado homogéneo.
Es imprescindible realizar un seguimiento continuo mediante la apertura de perfiles, no solo para controlar la humedad, sino también para evaluar la distribución de las raíces. Una distribución desigual provoca zonas con exceso de humedad, favoreciendo la aparición de Phytophthora.
Cuanto mayor sea el sistema radicular, mayor será el potencial productivo, ya que en las raíces se almacenan las reservas que sostienen la brotación y la fructificación del año siguiente.
En nutrición, se debe considerar la cosecha anterior y los objetivos productivos actuales. Un programa básico debe incluir nitrógeno (N), fósforo (P), potasio (K), calcio (Ca), magnesio (Mg) y zinc (Zn), ajustado mediante análisis foliares y de suelo. En aplicaciones foliares se recomienda priorizar zinc, magnesio, potasio y calcio, y utilizar bioestimulantes a base de algas y aminoácidos.
5. COSECHA
Tras siete meses de trabajo, el objetivo de cualquier productor es obtener el mejor precio posible. La calidad final depende en gran medida de la cosecha, el descascarado y el secado, siendo las últimas tres semanas críticas.
Es esencial nivelar las calles del huerto y controlar las malas hierbas. Antes de la cosecha, deben retirarse frutos del año anterior o frutos caídos prematuramente para evitar contaminaciones.
La presencia de lepidópteros como Cydia pomonella y Ectomyelois ceratoniae debe ser controlada de forma diferenciada. Cuando se inicia la apertura de la cáscara, Ectomyelois puede penetrar en el fruto y causar daños severos.
Es fundamental asegurar un buen estado hídrico antes y durante la cosecha. En años con temperaturas elevadas, aumenta la proporción de nueces oscuras, problema que se mitiga manteniendo una hidratación adecuada del árbol.
Los equipos deben revisarse con antelación y los secadores deben estar disponibles para iniciar el secado en menos de 24 horas tras la cosecha. La temperatura no debe superar los 38 °C (idealmente 35 °C). El almacenamiento debe realizarse en lugares limpios y secos, fumigando las nueces almacenadas durante más de 15 días.
