La poda es una técnica que consiste en la eliminación de partes vegetativas de los árboles. Esta práctica permite controlar el vigor, mejorar la circulación del aire y la penetración de la luz en la copa, reducir la incidencia de enfermedades, regular la producción y mejorar la calidad de los frutos.
Pero ¿cómo evaluar la intensidad de la poda y qué método utilizar? Para responder a esta cuestión, es necesario reflexionar sobre las características del huerto, como la variedad y su hábito de fructificación, el portainjerto, el suelo, el clima y la edad del huerto. Al final de la cosecha, también debe evaluarse el historial productivo y los análisis de calidad del fruto. Es muy importante disponer de estos datos por sectores, ya que permiten diferenciar la poda de un sector a otro y extraer el máximo potencial de cada zona.
Tras la caída de las hojas, momento en el que se produce la migración de nutrientes, deben analizarse las reservas de almidón y arginina. De este modo, se puede comprobar la existencia de reservas energéticas y nutritivas que serán utilizadas por las plantas para su crecimiento y desarrollo en la siguiente campaña. Generalmente, los huertos con bajos niveles de reservas requieren una mayor intensidad de poda, mientras que aquellos con elevados niveles de energía y nutrientes deben someterse a una poda menos intensa, entre el 10 % y el 15 %. Con estos parámetros, el objetivo es encontrar un equilibrio adecuado de reservas que permita mantener el potencial productivo de cada proyecto.
Con frecuencia se observan árboles que producen frutos únicamente en la periferia, presentando una gran cantidad de madera muerta en el interior o madera débil, con hojas de baja capacidad fotosintética. En resumen, se trata de plantas con una baja relación fruto-madera, lo que las convierte en huertos energéticamente poco eficientes, ya que el mantenimiento de grandes estructuras productivas implica un elevado gasto energético. En estos casos, el objetivo es aumentar la penetración de la luz y desplazar la producción hacia el interior del árbol, donde el coste energético es menor. Esto debe realizarse de forma mecanizada y con una rotación de 3 a 4 años.
Además de la poda mecanizada, puede realizarse una poda manual más selectiva, eliminando ramas específicas. Esta práctica consiste en la retirada de ramas secas, enfermas, dañadas o cruzadas. Esta intervención mejora la entrada de luz y la circulación de aire, previene el desarrollo de enfermedades y favorece una floración más abundante y saludable. Asimismo, se recomienda la poda de fructificación, que consiste en eliminar ramas viejas e improductivas para estimular la aparición de nuevos brotes y frutos.
El periodo adecuado para realizar la poda es después de la caída de al menos el 50 % de las hojas y cuando estas presentan amarillamiento. De esta forma, se permite la correcta migración de nutrientes hacia los órganos de reserva, asegurando que las plantas dispongan de las reservas necesarias para una brotación adecuada al inicio de la siguiente campaña. Por lo general, la poda debe finalizar hasta un mes antes de la brotación, permitiendo la cicatrización de las heridas y reduciendo la incidencia de hongos de la madera.
Durante esta operación es necesario tener en cuenta algunas precauciones para garantizar la sanidad del huerto y evitar la propagación de enfermedades. Antes de iniciar la poda, se debe asegurar que las herramientas, como tijeras y sierras, estén limpias y desinfectadas para evitar la transmisión de patógenos entre plantas. En cortes de gran tamaño, se recomienda el uso de pastas cicatrizantes para favorecer la cicatrización y prevenir la entrada de enfermedades. También puede ser recomendable la aplicación de fungicidas sistémicos cuando sea necesario, ya que estos productos penetran en los tejidos vegetales y se distribuyen por la planta, permitiendo controlar infecciones existentes y prevenir nuevas infecciones fúngicas.
Tras la poda, es fundamental retirar todos los restos vegetales, como ramas y hojas, del huerto. La madera podada suele ser una fuente de enfermedades y plagas que pueden afectar a los árboles, y su eliminación reduce el riesgo de propagación y daños posteriores.
