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IMPORTANCIA DE LA FERTILIZACIÓN DE RESERVAS

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Manuel Machadinha

2025-12-10

Con la campaña de frutos secos prácticamente concluida y con el inicio de la cosecha, muchos productores comienzan a planificar la próxima temporada. La planificación se inicia con una práctica fundamental que no siempre recibe la atención necesaria: la fertilización de reservas.

El éxito de la próxima campaña depende, en parte, de la aplicación de nutrientes en un momento en el que la planta ya no presenta frutos. De hecho, este es uno de los momentos clave para el desarrollo del sistema radicular, constituyendo una oportunidad ideal para optimizar la eficiencia en la aplicación de fertilizantes.

Mientras que en los cultivos anuales casi todo el nitrógeno presente en la planta procede del suelo, en los cultivos perennes la situación es muy distinta. Los árboles poseen una reserva significativa de nitrógeno, especialmente durante el invierno, en forma de almidón y azúcares solubles, desempeñando un papel crucial en la nutrición y redistribución del nitrógeno en toda la planta. En este contexto, es importante distinguir entre el nitrógeno absorbido del suelo y el nitrógeno acumulado en las estructuras de la planta.

Los principales carbohidratos de reserva de las plantas leñosas son el almidón y los azúcares solubles, como la glucosa, la fructosa y la sacarosa. Estos compuestos se almacenan en raíces, troncos y ramas durante los periodos de crecimiento vegetativo, especialmente al final de la estación de crecimiento, cuando la producción de fotoasimilados supera las necesidades inmediatas de la planta. El almidón es el principal carbohidrato de reserva de las plantas leñosas y se sintetiza durante la fotosíntesis, cuando la planta produce más azúcar del que consume. Se almacena en los tejidos de raíces, troncos y ramas durante el periodo de crecimiento y posteriormente se utiliza durante las fases de dormancia o al inicio de la estación de crecimiento, cuando la fotosíntesis es insuficiente.

La arginina es un aminoácido que actúa como uno de los principales compuestos de almacenamiento de nitrógeno en las plantas leñosas. Durante el invierno, las plantas almacenan grandes cantidades de nitrógeno en forma de arginina, que se moviliza en primavera para iniciar el crecimiento.

El nitrógeno (N) es esencial para la síntesis de proteínas, enzimas y otros compuestos orgánicos que afectan directamente al metabolismo de la planta. Su disponibilidad permite a la planta utilizar de forma eficiente los carbohidratos de reserva para promover el crecimiento de hojas, raíces y flores al inicio de la primavera. Tras el periodo de dormancia, las plantas leñosas movilizan sus reservas de carbono y nitrógeno acumuladas en forma de arginina para retomar el ciclo de crecimiento.

El potasio (K) desempeña un papel fundamental en el transporte de azúcares y otros carbohidratos a través del floema, siendo crucial para la formación y el almacenamiento de reservas de carbohidratos. Facilita el movimiento de azúcares desde las hojas hacia los órganos de almacenamiento (raíces y tronco), donde se convierten en almidón u otros compuestos de reserva. Además, aumenta la eficiencia de la fotosíntesis, promoviendo una mayor producción de carbohidratos y su posterior utilización y almacenamiento.

Por lo tanto, tanto el N como el K desempeñan funciones críticas en el uso y almacenamiento de carbohidratos. El N ayuda a la planta a utilizar los carbohidratos de forma eficiente para el crecimiento, mientras que el K es esencial para la movilización y el transporte de estas reservas dentro de la planta.

Se estima que hasta el 40 % del nitrógeno utilizado a lo largo del ciclo del cultivo procede de la aplicación de este nutriente en la fase de poscosecha o en la fase previa a la cosecha, dependiendo del cultivo o variedad. Más concretamente, hasta la fase de floración, entre el 80 y el 90 % del nitrógeno procede de la redistribución de reservas tras el invierno, es decir, de las reservas acumuladas el año anterior.

Al final del ciclo, las plantas suelen encontrarse debilitadas debido al elevado gasto energético asociado a la producción de frutos. La fertilización de reservas ayuda a restaurar los niveles de nutrientes y a fortalecer las plantas para afrontar mejor el invierno. De este modo, una nutrición adecuada influye directamente en la calidad y cantidad de la producción futura, ya que la planta dispone de energía suficiente para iniciar el ciclo productivo con pleno vigor.

La fertilización de reservas es una práctica clave para garantizar que las plantas dispongan de los nutrientes necesarios para superar los periodos de dormancia (invierno) y para iniciar el siguiente ciclo de crecimiento con fuerza.

Durante periodos de sequía o cuando existen dificultades en la absorción de nutrientes del suelo, las reservas acumuladas actúan como una “reserva” nutricional, reduciendo el impacto de condiciones adversas sobre el crecimiento de las plantas. Así se garantiza que la planta disponga de la energía necesaria para sostener el ciclo reproductivo del año siguiente, evitando desequilibrios nutricionales que puedan comprometer la producción futura e influir directamente en la calidad de los frutos secos. Las plantas con reservas adecuadas tienden a producir frutos de mayor tamaño y, en consecuencia, con mayor valor comercial.

En resumen, la fertilización de reservas permite a las plantas acumular nutrientes suficientes al final del verano o inicio del otoño, antes del periodo de dormancia invernal. De este modo, al inicio de la primavera, cuando las raíces aún presentan baja actividad, las plantas pueden utilizar estas reservas para la brotación y la formación inicial de hojas y frutos. Los nutrientes almacenados, como nitrógeno, fósforo y potasio, son esenciales para el desarrollo de flores y frutos de alta calidad. Una planta bien nutrida tiende a producir más y mejores frutos. Esta práctica constituye una estrategia fundamental en la producción de frutos secos, garantizando que las plantas dispongan de los nutrientes necesarios para atravesar el ciclo reproductivo de forma eficiente. Contribuye no solo a la productividad actual, sino también a la longevidad y sostenibilidad del cultivo, permitiendo una producción continua de frutos de alta calidad.