La cosecha de la almendra implica varias fases que requieren el uso de maquinaria y técnicas especializadas. Durante todo el proceso, los agricultores deben supervisar la calidad de sus frutos, garantizando que sus prácticas minimicen cualquier impacto negativo sobre la comunidad local y el medio ambiente.
La época de cosecha del almendro suele desarrollarse entre principios de agosto y finales de septiembre, aunque puede variar en función de la variedad. La cosecha debe iniciarse cuando el cultivo alcanza el estado de maduración, que coincide con la apertura y separación del mesocarpo (cáscara verde) del endocarpo (cáscara dura). En la práctica, se considera que la cosecha debe comenzar cuando el 75 % de las almendras se encuentran abiertas en el árbol.
El primer signo de apertura de la cáscara suele comenzar en la parte superior del árbol y desciende progresivamente, siendo el centro del árbol la última zona en la que se observa este fenómeno. La caída natural de las almendras al suelo es otro indicador del momento óptimo para iniciar la cosecha.
Para determinar el momento ideal de cosecha, es fundamental monitorizar diversos factores relacionados con la maduración del fruto. Los principales indicadores y métodos son los siguientes:
– Estado de maduración de la cáscara
Las almendras están listas para la cosecha cuando la cáscara externa comienza a secarse y a abrirse. Este proceso facilita la recolección del fruto. Paralelamente, se produce un cambio de color de la cáscara, que pasa de verde a marrón o marrón oscuro a medida que madura.
– Contenido de humedad del fruto
El control del contenido de humedad del grano es un factor clave. El nivel de humedad del grano debe situarse entre el 6 % y el 8 % para garantizar la calidad y un almacenamiento seguro tras la cosecha. Antes de la recolección, se deben tomar muestras de almendras y analizar su contenido de humedad mediante equipos adecuados. En este momento, la humedad del fruto antes del secado puede ser superior, dependiendo del método de secado utilizado tras la vibración o recolección, pero debe estabilizarse posteriormente dentro de los valores recomendados.
– Estado de maduración del grano
A medida que la almendra madura, el grano cambia de color, pasando de una tonalidad pálida a un color marrón claro o dorado. Este cambio indica que los azúcares y otros compuestos han alcanzado niveles adecuados, aportando el sabor y la textura característicos. La textura del grano también es determinante: una almendra madura debe presentar una textura firme, sin signos de humedad excesiva.
Otro aspecto importante es la facilidad con la que el grano se separa del endocarpo. Cuando la almendra está completamente madura, el grano se desprende fácilmente sin necesidad de aplicar fuerza, debido a la deshidratación parcial que reduce su volumen. Si el grano no se separa con facilidad, puede indicar que la almendra aún no ha alcanzado la madurez óptima.
– Factores climáticos
Las condiciones climáticas influyen directamente en el proceso de maduración. Un clima seco favorece la apertura y secado de la cáscara, mientras que una humedad elevada puede retrasar el proceso y aumentar el riesgo de enfermedades. Se recomienda consultar las previsiones meteorológicas y planificar la cosecha en periodos secos, evitando días lluviosos que puedan comprometer la calidad del fruto.
– Muestreo
Es fundamental tomar muestras en diferentes zonas del huerto para asegurar una maduración uniforme. Esta práctica ayuda a evitar cosechas prematuras o tardías, que pueden afectar negativamente al rendimiento y a la calidad. También es importante observar y manipular las almendras para evaluar su grado de madurez.
En resumen, el momento óptimo para la cosecha de la almendra se alcanza cuando la cáscara externa se seca y comienza a abrirse, el contenido de humedad del grano se sitúa en niveles adecuados y la coloración y textura del grano indican una maduración completa. La cosecha debe realizarse en periodos secos para garantizar la máxima calidad del producto.
Una evaluación correcta del estado de maduración es esencial tanto para productores como para procesadores, ya que permite obtener almendras de mayor calidad, mejor conservación y una comercialización más eficiente. Además, ayuda a prevenir problemas durante el almacenamiento, como el desarrollo de hongos o el deterioro del grano.
